Dar la vuelta a la esquina
Por Kiado Cruz
El movimiento social oaxaqueño en este momento parece estar fragmentado y jalando en muchas direcciones diferentes, algunos buscando una relación incómoda con el régimen, otros esperando que pase lo peor, y otros más moviéndose en direcciones nuevas. Parece haber una paralización general, expresada en la creencia común que solamente una intervención divina (sin duda bien merecida) puede poner fin al régimen actual. Sabemos que ninguna opción parece ser probable.
Es necesario dar la vuelta a la esquina para visualizar parte del cambio profundo que necesitamos en Oaxaca y que todos anhelamos. Parece más realista y con más probabilidad de éxito, seguir en la regeneración de un movimiento opositor, basado en la realidad actual oaxaqueña, partiendo del hecho que nadie quiere a URO y su gente. Hay elementos difíciles, que también pueden servir de aglutinantes, para un movimiento más amplio y más unido porque las presiones que sufren las colonias y las comunidades son muy agudas y los requerimientos de la vida cotidiana muy intensos y diversificados. Se observa con frecuencia que las iniciativas para organizar las movilizaciones, para presentar demandas a las autoridades no correspondan realmente a las prioridades o a las auténticas necesidades de ellas, sino a factores circunstanciales que cuando más atienden lo urgente, descuidan lo importante.
Revisando esta lista parcial encontramos muchos elementos para recobrar otra vez la iniciativa, no con barricadas sino con otro trabajo para la construcción de alternativas, necesitamos acciones concretas en las cuales la gente, ya harta de todo, pueda participar. Tal ves hay que aprender de la necedad de URO, cuando en Septiembre del 2006 todo estaba en su contra. Él se la jugó, no cedió, y logró que su suerte cambiara y pudo restablecerse. Nosotros podemos hacer lo mismo con mucha más razón.
Hemos estado acostumbrados por mucho tiempo pensar que el poder viniese solo de las asambleas legislativas, entonces, he considerado esta creencia un grave error causado por la inercia o por una especie de hipnotismo. Un estudio superficial de la historia nos ha hecho pensar que todo el poder llega al pueblo por los parlamentos. la cosa radica en que el poder esta en la gente y es confiado momentáneamente a quienes ella puede elegir como representantes propios.
Los parlamentos no tienen poder ni si quiera existen independientemente del pueblo (la gente). Convencer a la gente de esta sencilla realidad es a veces compleja, pero creo que la desobediencia civil es el deposito del poder. Ni Gandhi ni los pueblos indígenas lo aceptan, no se ve la democracia en ellos como un proyecto de gobierno ni siquiera el gobierno "de la gente, por la gente, para la gente", no se ve esta democracia como un sistema de gobierno aunque en "el doble discurso" utilizan el concepto los zapatistas, igual que Gandhi. Para que entiendan los partidos y los otros de qué se trata, se les puede hablar en la forma en la que ellos entiendan y reconozcan estos elementos del perfeccionamiento de la democracia formal, pero se trata para nosotros de otra cosa muy sustantivamente distinta. Se puede utilizar este sistema formal de gobierno, con elecciones y demás, como un tipo de paraguas político que permita crear otros espacios para rehacer otra cosa y, esa otra cosa es realmente la comunalicracia, distinta esencialmente a la democracia formal.
Es importante reflexionar en la acción si nuestro movimiento es mas allá de lo ideológico o somos un movimiento que tiene un rostro y un corazón que intuimos viene de lo mas profundo de nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar heredada de nuestros antepasados y que en las décadas recientes se le ha llamado comunalidad, entendida como el bien común en el nosotros que somos la comunidad. Si esta intuición la confirmamos entre tod@s podremos definir los caminos constructivos de esa acción y aprender del pasado revolucionario que al haber llegado al poder se lo entregan a la burguesía reformista por no tener con claridad un proyecto de país, de estado, de barrio, de colonia o de comunidad. Es decir, que no se toma el tiempo para reflexionar sobre las propuestas que ataquen los problemas de raíz para ir mas allá de ese orden establecido pero también ir mas allá del caos que se genera por no tener un programa constructivo.
Mientras tanto sigue la represión utilizando el discurso de la seguridad, aumenta la presencia policíaca y con ella la delincuencia común, además los asaltos violentos y los levantones. Siguen también la intimidación a opositores, y los presos políticos como rehenes del sistema. Pero ninguna coerción de la policía y los militares puede doblegar la firme voluntad de la gente del pueblo, porque la gente sabe conectar la presencia policíaca con la delincuencia, por las anécdotas y la experiencia personal que han vivido. Para los tiempos que viene hay que estar seguros de algo. Porque han de ser tiempos de lucha. Estamos aprendiendo lo que esto significa. Por lo pronto, renunciar a las razones que pudieran tener nuestros adversarios, lo que nos obliga a estar doblemente seguros de las nuestras. Y eso es mucho más difícil de lo que parece. La razón humana no es hija, como algunos creen, de las disputas entre los hombres, si no del diálogo amoroso en que se busca la convivencia que son independientes del humor personal…pero no pueden separarse de él.



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