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“Sembrando Semillas, Volando Papalotes” – la perspectiva de las mujeres de comunidades de la Sierra Juárez, Oaxaca

Yuubani, el área de las mujeres en la organización UNOSJO (Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez, Oaxaca), nos permitió presentar el articulo ‘Sembrando Semillas, Volando Papalotes’ que se hizo en resultado de una reunión de mujeres en Guelatao, Agosto 2009. En esa reunión ellas reflexionaron sobre sus vidas como mujeres y las diferentes formas en que existe la violencia dentro de sus familias y sus comunidades, incluyendo los usos y costumbres.
By: 
Leonie Harvey-Rolfe y Yuubani Area de Mujeres, UNOSJO S.C

“Sembrando Semillas, Volando Papalotes” – la perspectiva de las mujeres de comunidades de la Sierra Juárez, Oaxaca

Yuubani, el área de las mujeres en la organización UNOSJO (Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez, Oaxaca), nos permitió presentar el articulo ‘Sembrando Semillas, Volando Papalotes’ que se hizo en resultado de una reunión de mujeres en Guelatao, Agosto 2009. En esa reunión ellas reflexionaron sobre sus vidas como mujeres y las diferentes formas en que existe la violencia dentro de  sus familias y sus comunidades, incluyendo los usos y costumbres.
    El documento ha permitido la presentación de opiniones e ideas concretas de las mujeres que participaron, en referencia de su vida como mujer en su comunidad. La creación de espacios así en donde se puede reflexionar, es algo que Yuubani ha querido profundizar y extender en términos de incluir las voces de los hombres y los niños de otras comunidades en donde trabaja el UNOSJO en la Sierra Juárez, Oaxaca. Con esto en mente, una serie de talleres fueron organizados para pasar en Asunción Lachixila, una comunidad zapoteca aproximadamente ocho horas de Oaxaca en la selva en la Sierra Juárez. De hecho, las compañeras de ésa comunidad fueron invitadas a participar en el primer encuentro en Guelatao pero, por la distancia y la mala condición de las carreteras, solo una compañera pudo participar.
    Ocho compañeras de una variedad de organizaciones del estado de Oaxaca vinieron para facilitar talleres con las mujeres, los hombres, los niños y niñas. Los talleres con los hombres y las mujeres de la comunidad, los temas mayores eran la vida de las mujeres y la violencia, la salud y los usos y costumbres.
    Durante dos días de talleres, los miembros de la comunidad que asistieron a los talleres compartían y discutían sus experiencias, opiniones e ideas para enfrentar y solucionar el problema de la violencia y la inequidad de género. Los hombres y las mujeres discutían esos temas en grupos separados pero para concluir su trabajo cada grupo presentó lo que habían logrado durante los talleres, incluyendo el grupo de niños y niñas quienes participaron de un taller que trataba del uso del teatro para discutir temas similares a las emociones y la expresión de ellas.
    Las presentaciones permitieron que las mujeres tuvieran el tiempo y espacio para expresar sus miedos, preocupaciones, esperanzas e ideas para un cambio delante de los hombres, igual los hombres delante de las mujeres, y los niños y niñas delante  sus padres. Tomando este paso de empezar a trabajar y compartir ideas juntos, como una comunidad, fue grande. En este respecto, los talleres eran un éxito por las ideas que fueron planteadas por los miembros de la comunidad acerca de la cuestión de la equidad de género. Por ejemplo, la posibilidad de dejar a las mujeres trabajar dentro de la asamblea fue una idea. También, los talleres ayudaban a dar luz a las áreas que necesitarán más tiempo y trabajo, por ejemplo el tema de la violencia dentro de parejas, familias, y la comunidad. Lo que fue claro del encuentro es que mucho de ellos quienes participaron de la comunidad quieren hacer cambios en términos de equidad de género y la violencia pero es algo que va a tomar su tiempo.
    Las compañeras que facilitaron los talleres se han comprometido a regresar a Lachixila para seguir trabajando con la comunidad, con la esperanza que juntos puedan hacer los cambios que desean hacer. Si nos da permiso de nuevo, publicaríamos en nuestro sitio de Web el documento que van a escribir que resumirá las opiniones y las ideas que se expresaban durante los encuentros de los hombres, las mujeres, los niños y niñas de Lachixila.

 

Abajo es el documento, “Sembrando Semillas, Volando Papalotes” que se hizo sobre el primer encuentro en Guelatao, agosto 2009.

Documento declaratorio del 1er Encuentro - Taller de Mujeres

“Sembrar la Semilla”

SEMBRANDO SEMILLAS, VOLANDO PAPALOTES

Yuubani Área de Mujeres, UNOSJO S.C.

En agosto de 2009 nos reunimos un grupo de mujeres en Guelatao provenientes de diferentes lugares. Venimos de Santa María Zoogochi, Santa María Josaa, Asunción Lachixila, Santiago Comaltepec, Ixtlán, San Juan Evangelista Analco, Ex hacienda de Santa Gertrudis Talea de Castro, Guelatao, Valles Centrales, Etla, Alemania y España. “Sembrar la Semilla” le llamamos a nuestro encuentro, porque las mujeres sabemos mucho de cultivar la tierra, así como de cultivar las relaciones y de hacer posible la vida. Nuestra intención al juntarnos ha sido poder preguntarnos qué usos y costumbres nos gustaría sembrar para que nuestra vida sea mejor, para que nuestras comunidades tengan bienestar. Hacemos este documento con la esperanza de que nuestras voces sean escuchadas y reconocidas, lo hacemos con la esperanza de que nuestra voz pueda crear redes y contribuir con otras mujeres en situaciones parecidas, lo hacemos con la esperanza de que juntas podamos reconocer y parar la violencia que tanto nos lastima.

No queremos ser pelotas, ¡Basta!

Muchas veces a las mujeres se nos trata como a las pelotas. Igual que las pelotas, no formamos parte de ninguno de los equipos, no nos piden nuestra opinión, no somos tomadas en cuenta, somos pateadas de un lado a otro, pero eso si, somos quienes tienen que estar para seguir el juego que no podría seguir jugándose sin nosotras. No nos gusta sentir que jueguen con nosotras. Esto nos hace pensar que es tiempo de que cambiemos el juego. A veces queremos cambiarlo para que seamos un palo para poder pegar, otras veces queremos ser jugadoras y empezar a patear, pero lo que muchas realmente buscamos es dejar de jugar a juegos de este tipo, en los que unas personas son jugadoras a costa de que otras sean pelotas. Pues sabemos bien las consecuencias de este juego. Nos quita la voz, nos hace sentir que estamos mudas. Invita a que la culpa entre a nuestras vidas, la tristeza, el miedo, la pena, los enojos, las enfermedades, los remordimientos y el cansancio por tener que hacer todo y tener que cuidar a todo el mundo sin que nadie nos cuide a nosotras.
Esto no está bien para nosotras por que las mujeres podemos decidir que queremos ser y como nos gustaría jugar nuestra propia vida. Queremos dejar de ser tratadas como pelotas, queremos que a nadie se le trate como pelota.

Nosotras preferimos ser papalotes
Esto viene de lo que saben y conocen otras antes de nosotras, y han usado a lo largo de los siglos para poder sobrevivir. De nuestros deseos y esperanzas que reflejan lo que es importante para nosotras. Queremos que se reconozca como una riqueza lo que las mujeres somos y lo que aportamos al mundo. Las mujeres somos dadoras de vida. Muchas de nosotras hemos aprendido de otras mujeres la fuerza para seguir adelante. Por ejemplo, una de nosotras aprendió de otras mujeres a poner amor aún dónde hay tanto dolor, diciéndole a una amiga que le creía y la acompañaba en una situación difícil, otra de nosotras vio por primera vez a su nieta y sintió mucho amor a pesar de haber vivido el embarazo de su hija con mucho dolor. Nos mueve el deseo de ser libres, de poder decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Sabemos que para esto necesitamos salud.
En momentos difíciles, lo que nos ha ayudado a seguir adelante es seguir juntas, tejiendo redes, aprendiendo de nuestras diferencias, de los conocimientos y experiencias de cada una. Esto lo hacemos “como hermanas” pues reconocemos que los problemas son los mismos porque todas somos mujeres. Algunas hemos notado como estamos cambiando, y que no vamos a permitir la violencia, esto nos da tranquilidad. Queremos volar como los papalotes entendiendo que a lo largo de nuestra vida los deseos y los sueños pueden ir cambiando, queremos volar por que no es bueno quedarse paradas y tener miedo a luchar por lo que deseamos, por lo que necesitamos, por que pare lo que nos está lastimando.

La violencia mata al amor
Hemos entendido que el amor y la violencia están claramente alejados y nos preguntamos cómo, en tantas ocasiones, pueden llegar a confundirnos, vaya.
Tan de repente hemos notado como uno de los trucos que usa la violencia para disfrazarse de amor es a través de los celos, y como a veces los hombres nos prohíben salir o andar solas y una luego se piensa que eso es el amor.
Otra trampa para que se confunda el amor con la violencia es cuando nos dicen que “hay que aguantarse en una relación por los hijos”, una de nosotras sabe que esto no es cierto, con tristeza vio como sus hijas se alejaron de ella por no terminar con esa situación, las mismas hijas después empezaron a defenderla y animarla para separarse.
La violencia nos quita o esconde las palabras para nombrar al amor, para algunas el haber vivido tanta violencia nos impide ver el amor que también hemos experimentado en nuestras vidas, como si no tuviéramos suficientes palabras para nombrar el amor.
La violencia deja huellas en nuestros cuerpos, como la tristeza, la culpa, la impotencia, el enojo y el miedo. Estas huellas pueden llegar a convertirse en enfermedades, angustia o desesperación. Para muchas la violencia es como tener cadenas en los pies, como una constante sensación de ser ahorcadas.
Muchas veces los hombres nos hacen creer que lo que hacemos no vale y que sin ellos no podemos hacer nada y eso hace que desconfiemos de nosotras mismas.
Sabemos que el amor deja otras huellas bien diferentes en nuestros cuerpos, por esto sabemos que el amor y la violencia no son lo mismo. El amor nos da la sensación de tranquilidad, confianza, alegría, seguridad y ternura.
Es muy importante para nosotras compartir y escucharnos para seguir poniendo palabras a las experiencias de amor que hemos vivido, reconociendo los pequeños gestos, de una amiga, de un hijo o una hija, de una madre. Sabemos que hay amor cuando nos preguntan, nos animan, nos reconocen, cuando valoran lo que hacemos y nos agradecen hasta algo tan común como es una comida.
A veces no nos damos cuenta de que existe la violencia, pero ahora sabemos que esta en muchas partes, aunque no siempre podamos verla, hasta en nuestro encuentro de mujeres, algunas de las compañeras no pudieron llegar porque no las dejaron los hombres de sus comunidades usar el transporte necesario porque pensaron que para las mujeres no era urgente estar aquí.
Creemos que para eliminar la violencia de nuestras vidas hace falta mucha sensibilización a la atención de las mujeres, necesitamos hacer y mantener la unidad para mermar todo lo que está pasando, sabemos que cuantas más seamos es mejor y que es importante reconocer el esfuerzo de cada una de las que estamos aquí para poder participar. Cuando alguien dice que las mujeres queremos poder, nosotras le decimos que si que queremos poder, pero no el poder que ellos creen (el de patear pelotas) sino el poder para hacer las cosas para nosotras mismas, nuestras familias y nuestra comunidad, el poder para vivir una vida digna (el poder del papalote).

Sembrar nuevos usos y costumbres.
Nos hemos preguntado si es posible sembrar nuevos usos y costumbres, ya que hemos notado como la violencia esta dentro de ellos. En las costumbres de antes hay cosas bonitas, muchas las vivimos, como la gozona, pero también hay cosas no tan buenas, como lo que la abuelita contaba, que eran crueldades; que las casaban y tenían que aguantarse,  estar sujetas a sus esposos, a sus suegras y las mujeres sufrían mucho.
Durante nuestro encuentro hemos podido entender que los usos y costumbres tienen sus cosas buenas porque nos los dejaron nuestros antepasados y antepasadas, esto se ha ido transmitiendo de generación en generación.  Sabemos que, algunos usos y costumbres sirven para que se de la ayuda mutua, para intercambiar la cosecha y la comida, el tequio y la gozona, para mantenernos unidas en la comunidad y esto nos da fuerza.
Sin embargo, hemos visto que cuando la violencia se enmascara de uso y costumbre no permite avanzar a nuestras comunidades y nos afecta parejo. Usos y costumbres como que las niñas tengan menos oportunidades de ir a la escuela porque tienen que trabajar en la casa o que en las reuniones no nos den el espacio para que opinemos diciendo que no nos interesa o no tengamos voto a la hora de la elección de las autoridades. Usos como robarse a las niñas o los matrimonios a la fuerza. Usos y costumbres que justifican el sexo a la fuerza, cuando no hay voluntad. Que no exista orientación sobre la menstruación, sobre prevención de embarazos, la manera en que nos obligan a parir, acostadas, que también es una forma de violencia. Usos y costumbres que afectan a las madres solteras y viudas que tienen que hacer los cargos y  es difícil para ellas pues tienen que atender su casa también. O que en las fiestas de la comunidad nosotras no podamos disfrutar pues nos la pasamos en la cocina. Creencias, como que las mujeres no podemos tocar los campanarios, porque dicen que se rompen. Pensamos que estos usos y costumbres le dan poder a los hombres con los cargos de la comunidad y dentro de las familias y que esto les hace creer que pueden decidir sobre nuestras vidas.
Para nosotras es importante que nos hagamos oír, que no dejemos de decir lo que no esta bien, lo que nos duele. Creemos que hay que ir cambiando las formas de estar a través de pláticas, programas de radio o talleres, dándonos el tiempo para participar. Queremos que los hombres participen en los talleres para que vean lo que nosotras sentimos, para que también aprendan. Nos gustaría que se valorara el trabajo de las mujeres dentro de la comunidad y que algunos trabajos pudieran ser más compartidos. Creemos que lo más importante es frenar la violencia y que no lastime a nuestras comunidades, poder educar a nuestras hijas e hijos para enfrentar la vida  y que crezcan con ideas diferentes.
En estos días de encuentro, entre lágrimas y risas, hemos podido poner palabras a muchos sentimientos, hemos podido entender que el amor y la violencia no se llevan y que necesitamos crear más espacios de encuentro entre mujeres para reconocernos y apoyarnos. Hemos sembrado la semilla de otros usos y otras costumbres, de otras formas de mirar el mundo y de relacionarnos,  nos vamos llenas de esperanza, porque sabemos que nuestra forma de ser y sentir también hace mundo, las mujeres a lo largo de la historia hemos dado y mantenido la vida, ahora sabemos que queremos seguir haciéndolo lejos de la violencia.

Guelatao de Juárez, Oaxaca, agosto 22 de 2009.
“Larga vida a las mariposas”
A memoria de las hermanas Miraval

 

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